Yo te amé
con fe nunca mentida
y con tus besos te di
mi corazón.

Tú sembraste
la senda de mi vida
con los abrojos
de la más cruel traición.

Aunque quiera
no te puedo odiar,
porque en mi alma
no existe el rencor,
y al querer maldecir
tu maldad,
para ti solo
encuentro perdón.

Y la noche
me ha visto llorar.
Y la aurora
me ha visto reír.
Pero nadie
ha podido oírme
una frase cruel
para ti.
Jamás.