Fantasía acalorada.
Soy Nicolás, lo demás no importa, pero con el permiso de Zeus, me voy a lanzar a contar una anécdota personal que me ocurrió ayer mismo.
Para poneros en situación os diré que soy una persona deportista, a pesar de mi madurez, que siempre lo he sido y que conservo los impulsos del hábito deportivo bastante intangibles. Hasta hace poco frecuentaba el gimnasio a diario, ahora, por razones varias relacionadas con mi situación laboral, lo hago cuando puedo. A veces sólo puedo practicar las más elementales formas de entrenamiento, el masaje o la sauna. El calor que proporcionan producen un efecto orgánico similar al entrenamiento anaeróbico. Dicen.
Ayer, como os decía, me ocurrió algo nuevo en la sauna. Estaba yo tumbado horizontalmente boca arriba sobre mi toalla de baño, desnudo completamente, como de costumbre. Llevaba un buen rato de sudada intensa cuando sentí la imperiosa necesidad de salir. No era porque me sintiera agobiado, ni porque me hubieran subido demasiado las pulsaciones, no; simplemente, mientras miraba de reojo hacia el exterior a través de la puerta acristalada de la sauna, vi pasar a un par de tíos que venían del gimnasio a ducharse. Algo me llamó la atención en el primero de ellos al pasar, como un "warning" de "aquí hay belleza" y sentí la necesidad de verlo desnudo.
Salí a la zona de relax, próxima a las duchas, donde unos bancos y perchas facilitan la tarea de cambiarse de ropa. Allí estaba el muchacho moreno, de unos veinticinco años, no muy alto, de facciones muy finas y ojos negros, con camiseta y pantalón de deporte que empezaba a deslizarse hacia abajo. Sus piernas fuertes y depiladas combinaban perfectamente con su torso proporcionado, limpio de pelos aunque ligeramente depilado porque no era un chico velludo. De repente levantó su cara y me miró alzando la vista y buscando mi mirada; pero no quise soportar la suya más de lo que se pudiera considerar correcto. Pretendí dejar claro que mi vista pasaba por allí porque, distraídamente, estaba pendiente de la conversación intrascendente que, en voz alta, mantenía con su amigo.
Mientras yo deambulaba envuelto en mi toalla a la cintura, al estilo romano, él se dirigió a las duchas. En mis paseos por el interior del vestuario-sala relax, llegaba cada vez hasta el fondo con un solo propósito: ver su cuerpo desnudo bajo la ducha. Un cuerpo terso, estilizado, como el Apolo de Belevedere, resaltando sobre todo la redondez de sus nalgas, la fortaleza de sus glúteos, rotundos en contraposición de un pene y unos testículos modestos, intencionalmente cuidados por un ligero rasurado del vello púbico.
Volví al interior de la sauna y me tumbé donde había estado antes. Al rato entraron los dos amigos, el joven moreno y el otro, también muy bien estructurado, tal vez mejor, pero menos agraciado por el toque de belleza que él tenía. Se tumbaron en los bancos de enfrente, uno en el superior y otro, el morenito, en el inferior, a mi altura. Desnudos ambos, tumbados a lo largo, dispuestos a que el calor externo de la sauna penetrase en su interior. Dispuestos a sudar por cada poro a gotas, a chorros. Comentaron algo de relajarse o de quedarse dormidos. Yo en vela.
Al poco rato, el moreno hermoso, levantó sus rodillas posando los pies sobre la tabla en la que estaba tumbado. En esta posición mi vista caía sin forzarla justo en el canal que forman los glúteos al final del coxis y juntándose con el escroto colgante forma un atractivo triángulo sexual, ligeramente teñido de negro vello púbico.
Seguía él con los ojos cerrados, concentrado en su relax, desconcentrando y turbando mi mente, sin pretenderlo. De repente, me desdoblé. Una parte mía desconocida salió como un espectro se desdobla emergiendo del cuerpo continente, se sentó a su lado y comenzó a acariciar sus piernas dirigiendo las yemas de los dedos al triángulo sexual...
Pero algo me hizo volver en mi y mi espectro desdoblado se incorporó súbitamente a mi cuerpo. Tal vez una incipiente erección de mi pene sirvió de aviso para romper el maleficio de un sueño en el que mi otro yo empezaba a disfrutar.
Una hora más tarde, cuando volvía a casa en el coche escuchando "Kiss FM", llegué a desear que mi otro yo encontrara, alguna vez, la oportunidad y el chico apropiado para continuar con esa fantasía acalorada.





miguel manchego dijo
Mas de uno hemos tenido una fantasía similar en el gimnasio, es verdad, y es que yo no se que tendrán los vestuarios que son fuente inagotable para la imaginacion.
Gracias por pasar por mi espacio, y disculpa por tardar tanto en devolverte la visita, pero estas fechas son asi. Estoy seguro de que volveremos a leernos, no lo dudes
1 Enero 2008 | 12:08 PM